HEATH LEDGER NO ERA EL ÚNICO VAQUERO HOMOSEXUAL SEGÚN COMPROBÓ MARY EN SU VIAJE A TEXAS
A comienzos de la semana pasada me reunía con una antigua amiga, de esas que ya no se ven en años y justamente comentábamos la última ocasión en que nos habíamos reunido. En efecto, ya habían transcurrido cerca de ochos años desde aquella vez, que tuvimos la oportunidad de viajar al estado de Texas en los Estados Unidos. Por aquellos años, yo laboraba junto a Mary en una compañía importadora con intereses en varios países, nos desempeñábamos en el área comercial, ella como asistente de gerencia y quien escribe como gerente adjunto. El destino quiso que nos tocara compartir un viaje a la ciudad en mención por motivos laborales. Sucedía que se trataba del lanzamiento de una de nuestras campañas en territorio norteamericano. El lugar había sido designado por guardar gran afinidad con nuestra línea de negocio y requería la presencia de ambos para realizar las coordinaciones del evento principal. El viaje estuvo presupuestado para unos tres días, pero nuestro gerente general, viendo nuestro gran esfuerzo y tesón durantes todos estros años, decidió aprovechar la oportunidad para compensarnos de alguna manera, ya que prácticamente no habíamos tenido vacaciones en los últimos dos años. Fue así que se nos dieron viáticos para unos tres o cuatro días más, dependiendo de nuestra habilidad y por supuesto los correspondientes días de licencia. Fue una magnífica iniciativa de nuestra empresa en aquel entonces.
Pero estábamos en el presente ahora, y coincidí con Mary en un café al que no suelo entrar pero como me encontraba por esta zona de la ciudad decidí hacer un alto en mi rutina. Apenas ingresé la vi allí, sentada y muy concentrada en la lectura del periódico. Estaba igual, con esos lentes gruesos carentes de la menor estética, el cabello sujeto en una cómoda cola de caballo y su sastre impecable. Esa imagen de seriedad que proyectaba, mantenía a loa hombres alejados de ella, justo lo que ella deseaba. Me acerqué con decisión hasta su mesa y la contemplé unos instantes, ella, al darse cuenta de la presencia de alguien, levantó tímidamente la mirada, me miró pero volvió a bajar la mirada. Supuse que no me reconoció por la barba crecida y por el corte de cabello que me había hecho desde la última vez que nos vimos, pero a los dos segundos volvió a levantar la mirada y sonrió al tiempo que bajaba el periódico y se quitaba los anteojos. De inmediato, saltó del asiento y prácticamente se lanzó sobre mí. Nos mezclamos en un abrazo propio de esos fraternos reencuentros con las personas con quien has compartido muchas experiencias. Con la cortesía que le caracterizaba, me invitó a tomar asiento. Ni bien lo hice, ya tenía al mozo del restaurante encima quien me preguntaba qué iba a ordenar. Tráigame un café y un emparedado de jamón le dije casi sin mirarlo. Toda mi atención estaba en Mary quien se notaba triste a pesar de la euforia mostrada instantes previos.
Con la sinceridad que me caracterizaba le pregunté por aquella tristeza y me refirió que justamente estaba recordando nuestro último viaje a Texas mientras sostenía el periódico en las manos, casi por automatismo. Calculé que fue un sueño cristalizado el de ella, pensar en un hecho y casi al instante uno de los personajes principales de su historia se veía materializado frente a ella. Y empezamos a recordar juntos. En aquella oportunidad ella nunca regresó del viaje conmigo. Como dije, nos habíamos quedado en Texas unos días más luego de lanzada la campaña, con viáticos entregados por nuestra propia empresa. Nos alcanzó para unos cuatro días cómodamente instalados pero fueron días suficientes para que Mary decidiera quedarse en aquel país. El motivo no pudo ser otro que el amor. Sucedió que en una de las visitas turísticas que hacíamos en aquella ciudad de vaqueros, ella conoció a uno de estos rudos tipos que aún visten botas y sombreros con grandes hebillas en sus cintos. La verdad ya no recuerdo ni cómo, pero el hecho es que ambos se enamoraron. Fue un sentimiento fuerte que hizo que Mary renunciara vía fax a su cargo de asistente de gerencia al mejor estilo del ex presidente peruano Alberto Fujimori a quien se le está enjuiciando actualmente. Yo regresé sólo y sin explicaciones.
Habría pasado un año de eso, cuando Mary regresó a España con el rabo entre las patas. Había descubierto que su prometido era bisexual. Un vaquero bisexual, increíble. Tan increíble como la historia que protagonizó el recientemente fallecido Heath Ledger en un film de Ang Lee, donde el actor australiano encarna a un vaquero homosexual.
diviertaaaanseee…..